Family Romance, LLC (2019) – Movie Review

Family Romance, LLC

¡En español!

Werner Herzog’s latest is a peculiar dance between reality and fiction. As in the film, there is indeed a Japanese company with the ill-advised name of “Family Romance, LLC”, and as in the film, it is indeed run by a man called Yuichi Ishii, who plays himself. In fact, none of the people in this film are professional actors. The story and dialogue are fiction, but a kind of fiction that’s very closely tied to real life.

In reality as in the film, Ishii and his employees offer surrogate relatives, that is to say, actors people hire to impersonate a member of their family. Some do it because of social pressures, like a wealthy family who’s organizing a wedding for their daughter and need someone to step in for the father of the bride, who is in rehab. Others do it out of loneliness, like a woman who wants people to cherish her the way they did when she won the lottery. It is a bewildering concept -I would advise spending that amount of money on so many things before this- but it is all above-board, as the clients are voluntarily hiring actors and establishing what they want out of the deal, and the company is clear and forthcoming about what their involvement will be and what they do or do not provide.

The one case that presents a breach of ethics is that of Mahiro, the 12-year-old daughter of a wealthy woman who wants Ishii to impersonate her absent father. The deal is made between the adults, and Mahiro is made to believe that she is reuniting with the dad who left her as an infant and whose return she’s always been hoping for. Over time, she grows fond of him, as of course she would -he is professionally dedicated to learning what she likes and responding to her expectations- which in turn make Ishii realize that he is lying to her, unlike with his other clients.

Ishii and Mahiro’s encounters are filmed so organically that they could well pass for a documentary: it is no accident that Herzog shoots with a handheld camera, mostly in crowded public spaces (like a busy Yoyogi Park during cherry blossom season), with dialogue that relies heavily on improvisation. It feels like we, too, are walking around Tokyo and catching a glimpse of a stranger’s conversation. This is reinforced by the frequent cutaways to other jobs in Ishii’s professional life; some of these provide interesting contrast and illustrate the variety of his customer base, but others do little more than bloat the (admittedly tight) running time, as when Ishii interviews the manager of a hotel with robots for receptionists in what feels like a news channel feature.

Family Romance, LLC is too lifelike to have a neat resolution, messy and unpolished in the most human way possible, but that does not diminish from its interest. It is a window into lives very different from our own.

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Family Romance, LLC (2019)

Lo último de Werner Herzog es un peculiar baile entre realidad y ficción. Como en la película, en la vida real existe una empresa con el desaconsejable nombre de “Family Romance, LLC”; como en la película, la lleva un tal Yuichi Ishii, quien se interpreta a sí mismo. De hecho, no hay actores profesionales en este filme. La historia y los diálogos son ficticios, pero de una forma muy cercana a la realidad.

Tanto en la película como en la vida real, Ishii y sus empleados alquilan parientes, es decir, actores que la gente contrata para que interpreten a un miembro de su familia. Hay quien lo hace por presión social, como una familia adinerada que organiza la boda de su hija y necesita que alguien sustituya al padre de la novia, que está en desintoxicación. Hay quien lo hace por soledad, como una mujer que quiere que la celebren como cuando ganó la lotería. Es un concepto extraño (si me preguntaran a mí, yo les aconsejaría que se gastaran el dinero en mil cosas antes que en eso) pero no se puede negar que es legítimo, porque los clientes contratan actores por decisión propia y establecen claramente lo que quieren, y la compañía es transparente a la hora de detallar qué forma parte de sus servicios y qué no.

El único caso que representa un problema ético es el de Mahiro, la hija de doce años de una mujer rica que quiere que Ishii imite a su padre ausente. El trato se cierra entre los adultos, y Mahiro cree reencontrarse con el padre que la abandonó de pequeña y cuyo regreso lleva años deseando. Con el tiempo, la niña se encariña de su supuesto padre, como era de esperar (al fin y al cabo, es un profesional cuyo trabajo consiste en estudiar lo que le gusta y responder a sus expectativas), lo que a su vez empuja a Ishii a darse cuenta de que, a diferencia de sus demás clientes, le está mintiendo.

Los encuentros de Ishii y Mahiro están grabados tan orgánicamente que bien podrían pasar por un documental: no es casualidad que Herzog haya rodado con cámara en mano, casi siempre en espacios públicos abarrotados (como el parque de Yoyogi durante la temporada de cerezos en flor), con diálogos en gran medida improvisados. Es como si nosotros también estuviéramos paseando por Tokio, escuchando fragmentos de conversaciones entre desconocidos. También se ve en los frecuentes cortes a otros trabajos en la vida profesional de Ishii; algunos aportan un contraste interesante e ilustran la variedad de su clientela, pero otros no hacen sino alargar la película (por otra parte corta), como cuando entrevista al gerente de un hotel con robots como recepcionistas en lo que parece un reportaje de televisión.

Family Romance, LLC es demasiado real para tener una resolución limpia; es humanamente difusa, pero eso no le resta interés. Es una ventana a unas vidas muy distintas a la nuestra.

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