Paraphrasing The Hours, there are stories that are one day in a character’s life, and in one day, their whole life. That is the approach of My Father’s Shadow, Akinola Davies’ first feature film about a father named Folarin (Sope Dirisu) and his two little sons Akin (Godwin Chiemerie Egbo) and Remi (Chibuike Marvellous Egbo) as they run errands around Lagos against the backdrop of the failed Nigerian elections of 1993.
What’s most impressive is that while on the surface it appears to focus on the moment to moment of its three protagonists’ day, it is always adding depth both to the characters as well as to their historical background. The story, based on Davies’ own life, paints a complex portrayal of imperfect fatherhood: a family trying to do its best in a difficult situation. Folarin, as played by Sope Dirisu, appears sensitive and gentle towards his kids while he tries to hide the concern over his unpaid wages; the children, of course, are not blind but neither are they well equipped to understand the adults’ choices.
Most of the time the camera stays at the kids’ eye level, looking up at the grownups, framing their discussions from their point of view. We notice the things Akin and Remi perceive about their father’s heretofore mysterious life away from them. We are also witnesses to the desperate hope of a population who wishes to be rid of military rule but suspects it will not be easy. There are times when characters state their thoughts openly, but in general we are left to feel the caution in the air.
Almost effortlessly, as if just telling you about its day, My Father’s Shadow tells a tale of fatherhood, resilience, and understanding with a kindness that many longer and more expensive movies fail to capture.
La sombra de mi padre (2026)
Parafraseando Las horas, hay historias que cuentan un día en la vida de sus personajes, y en un día, su vida. Es el enfoque de La sombra de mi padre, el primer largometraje de Akinola Davies, sobre un padre llamado Folarin (Sope Dirisu) y sus dos hijos pequeños, Akin ( Godwin Chiemerie Egbo) y Remi ( Chibuike Marvellous Egbo), que deben recorrer Lagos durante las elecciones fallidas de Nigeria de 1993.
El mayor acierto de la película es que aparenta centrarse en lo más inmediato mientras en reallidad consigue profundizar tanto en sus personajes como en el contexto histórico que les ha tocado vivir. La historia, basada en la vida del propio Davies, es un complejo retrato de una paternidad imperfecta, una familia que hace lo que puede en una situación difícil. Sope Dirisu interpreta a Folarin como un padre sensible y gentil con sus hijos a la vez que trata de disimular su preocupación por un sueldo que nunca llega; los niños, por su parte, no son tontos pero tampoco cuentan con las herramientas necesarias para entender las decisiones de sus padres.
La mayor parte del tiempo la cámara se mantiene a la altura de los niños, levantando la mirada para ver a los adultos, recordándonos cuál es nuestro punto de vista. Nos percatamos de los detalles de la vida de su padre que Akin y Remi van percibiendo mientras le siguen por su recorrido habitual. También somos testigos de la esperanza desesperada de un pueblo que desea librarse del régimen militar pero que sospecha que no va a ser tan fácil. Hay momentos en los que los personajes expresan sus opiniones directamente, pero en general nos dejan percibir la precaución en el ambiente.
Casi sin esfuerzo, como si solo te estuviera contando cómo le ha ido el día, La sombra de mi padre cuenta una historia sobre las familias, la resistencia y la comprensión con una sensibilidad que muchas películas más largas y caras nunca llegan a capturar.