It’s Only the End of the World (2016)

Gaspard Ulliel in It's Only the End of the World

¡En español!

I am in awe of Xavier Dolan’s career. How many directors so young have produced so many movies, so frequently, with such a consistently high quality? We do not yet know a bad Dolan movie, and among his oeuvre It’s Only the End of the World (Juste la Fin du Monde) is my favourite.

The premise is as simple as it is stark: Louis returns home to his family, after a ten-year absence, to announce to them that he is dying.

The day, however, will not go as he plans. He envisioned perhaps a solemn reunion, a heart-to-heart, a sincere speech, but finds instead that his family is locked in its own routine, its own inside jokes and grudges, from which he is by his own actions excluded.

When the French casting was announced, my first reaction was to lament the absence of québecois, the French-Canadian dialect in which Dolan’s films are usually shot (literally absolutely nobody I know agrees with me in liking it, but I don’t care), but the concentration of acting talent on display here is so astounding that it’s hard to find fault with a single casting choice.

Léa Seydoux plays Suzanne, the little sister; she is thrilled to see her big brother again, but she barely remembers him, and he’s never met her as an adult. She wants to be seen by him; she feels abandoned by him, as she was too young to understand why he had to leave.

Vincent Cassel is Antoine, the older brother; aggressive, at times bordering on violent, he lashes out at everyone when he isn’t brooding. He wants Louis to know that they have carried on without him.

Nathalie Baye is the mother of Antoine, Louis, and Suzanne. She welcomes her middle son with unbridled joy and love, but she sees more in him the teenager that he was rather than the man he is now. She doesn’t know how to express that she’s happy to see him without begrudging him his leaving.

Marion Cotillard, lastly, gives what is for my money one of the best performances of her career as Catherine, Antoine’s wife. So often a confident woman, in this role Cotillard is socially awkward and anxious, perpetually at a loss for words, and yet more secretly perceptive than anybody else. Because she’s never met Louis, she is the only character who can see him as he stands, today, without having to look through all the superimposed layers of a lifetime of memories. She does this only through her eyes, as her dialogue is a mask of stammered pleasantries.

The gifted Gaspard Ulliel, for his part, is a prodigy as Louis. Hiding his illness, he is unequipped to deal with the family he’s been avoiding for a decade. In his own words, something inside you compels you to leave, and something inside you compels you to return. He is reaching for intimacy, and they bicker and bicker and bicker. I am dwelling too much on the story, but there’s such depth to the emotional tapestry of Jean-Luc Lagarce’s play.

Dolan’s direction is crucial to bringing these five performances together. It’s Only the End of the World is shot almost exclusively in closeups, which forces us to stare straight into each character’s eyes, pulls us directly into the uncomfortable intimacy of this family. We do not get to pull away when someone says something hurtful. I also wanted to commend the beautiful lighting, which on top of being cinematic also tracks the passage of time, literally and emotionally.

What a delight, what a rare privilege, to see a work of art so full to the brim with talent. This is a movie that knows how to find the cosmic in the commonplace, the monumental in the smallest interactions. It is a tragedy, but it is also, simply, life.

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Solo el fin del mundo

Me fascina la carrera de Xavier Dolan. ¿Cuántos directores hay tan jóvenes, que produzcan tantas películas, con tanta frecuencia, y con un nivel de calidad tan alto? Todavía no sabemos cómo sería una película de Dolan mala, y de todas sus obras, Solo el fin del mundo (Juste la Fin du Monde) es mi favorita.

La premisa es tan sencilla como brutal: Louis vuelve a su hogar, con la familia a la que no ha visto en diez años, para decirles que se muere.

El día, sin embargo, no transcurrirá como se espera. Quizás se había preparado para una reunión solemne, un discurso sincero, un momento de intimidad, pero se encuentra con que su familia está encajada en su propia rutina, sus propias bromas y reproches internos, de los cuales se excluyó por decisión propia.

Cuando se anunció el reparto francés, mi primera reacción fue lamentar la ausencia de québecois, el dialecto francocanadiense en el Dolan suele rodar sus películas (literalmente nadie que conozco coincide en que es una forma de hablar encantadora, pero me da igual), pero la concentración de talento interpretativo es tal que sería difícil reprochar ni una sola decisión de casting.

Léa Seydoux interpreta a Suzanne, la hermana pequeña; está entusiasmada de volver a ver a su hermano mayor, pero apenas se acuerda de él, y él nunca la ha conocido de adulta. Se siente abandonada por él; era demasiado joven para entender por qué se tuvo que marchar.

Vincent Cassel es Antoine, el hermano mayor; es agresivo, a veces roza lo violento, busca pelea con todo el mundo cuando no refunfuña. Quiere dejarle claro a Louis que han aprendido a vivir sin él.

Nathalie Baye es la madre de Antoine, Louis y Suzanne. Recibe a su segundo hijo con alegría y amor sin límites, pero en él ve al adolescente que fue antes que el hombre que es ahora. No sabe cómo expresar la felicidad que siente de verlo sin reprocharle su ausencia.

Marion Cotillard, por último, nos ofrece lo que para mí es una de las mejores interpretaciones de su carrera como Catherine, la esposa de Antoine. Cotillard, tan a menudo una mujer llena de confianza, rebosa en este papel ansiedad social e inseguridad, constantemente sin palabras, pero a la vez más discretamente perceptiva que nadie. Como nunca ha conocido a Louis, es el único personaje que puede verlo como es, sin tener que atravesar todas las capas superpuestas de toda una vida de recuerdos. Consigue todo esto a través de sus ojos, ya que su diálogo es una máscara de banalidades vacilantes.

El prodigioso Gaspard Ulliel, por su parte, deslumbra como Louis. Mientras oculta su enfermedad, es incapaz de tratar con la familia que lleva una década evitando. Como él mismo dice, algo en tu interior te impulsa a marcharte, y algo en tu interior te impulsa a volver. Busca una emoción, pero ellos nunca dejan de discutir. Sé que me detengo demasiado en la historia, pero el tejido emocional del guión basado en la obra de Jean-Luc Lagarce es de una profundidad inusitada.

La dirección de Dolan es crucial en sacar lo mejor de estas cinco actuaciones. Solo el fin del mundo está rodada casi exclusivamente en primeros planos, lo que nos obliga a mirar a cada personaje directamente a los ojos, nos atrae hacia una incómoda intimidad con esta familia. No se nos permite dar un paso atrás cuando alguien dice algo hiriente. También hay que reseñar la iluminación, que además de su ambiente cinematográfico también marca el paso del tiempo, literal y emocionalmente.

Qué felicidad, qué inusual privilegio, poder disfrutar de una obra de arte tan llena a rebosar de talento. He aquí una película que sabe encontrar lo cósmico en lo rutinario, lo monumental en lo insignificante. Es una tragedia, pero también es, sencillamente, la vida.