Boy Erased (2018) – Movie Review

Nicole Kidman and Lucas Hedges in Boy Erased

¡En español!

We were just talking about movies directed by actors! Here’s another one: Boy Erased is Joel Edgerton’s second feature fim as a director, an understated and sensitive study of the many cruelties of gay conversion therapy.

The script, written by Edgerton himself, is an adaptation of Garrard Conley’s memoir of the same name; here, his name is Jared (perhaps out of pity for all those of us who have to type it?), played by Lucas Hedges, and he is the gay son of an ultra-conservative pastor (Russell Crowe) and a hair stylist (Nicole Kidman). When he is outed to his shocked parents, they decide to have Jared sign up to “a program” designed to help young men and women in his situation to “find their way” -in reality, it’s really the father who decides, and Jared and his mom mostly go along with it. Of course, the phrase “conversion therapy” is never uttered, and the whole thing is coated in unbearable euphemisms and Christian imagery. Jared is shipped off to a center run by Victor Sykes (played by Edgerton), a fire-and-brimstone preacher/self-appointed therapist who vows to help kids expel the demons of homosexuality.

Before I saw the film, I was afraid it had a very high risk of descending into melodrama: I thought, perhaps cynically, that Edgerton casting himself in the antagonist role could be an excuse to give himself free rein to chew the scenery as an exaggerated villain. Nothing could be further from the truth: as portrayed by Edgerton, Sykes, hateful and despicable as he is, almost recedes into the background and lets Jared’s life and identity take center stage, as well they should. Edgerton correctly identifies that the conversion center is only one factor in the equation, and spends as much time looking at Jared’s family who put him there.

Lucas Hedges leads the movie with the nuance and skill that we’ve come to expect from him in films like Manchester by the Sea, Lady Bird and Ben is Back; at such a young age and with such a long list of credits, I am yet to see him give a bad performance. And with Nicole Kidman, where to start? It seems redundant at this point to say that she is a phenomenal actress: who else can do Big Little Lies, then Destroyer, then Aquaman, and then this, stepping from one role to the next in a matter of months like it’s no big deal? Her character’s development here is touching: she is a deeply religious woman who had been conditioned to believe homosexuality is a sin and a choice, but as a mother watching her son be punished and reprimanded for who he is, she can feel every fiber of her being telling her it’s wrong and listens to her instinct.

Boy Erased takes its subject seriously, and does not downplay the lasting damage that conversion therapies have on their victims (LGBT youth who are forced into these schemes are five times more likely to attempt suicide than those who aren’t; there are lives at stake), but it also does not dwell on the practical aspects of torture and focuses instead on the emotional toll: it is one of the many tragedies of this reality, after all, that a lot of these kids are there more or less by choice, because they have been successfully indoctrinated to believe that they are faulty humans, deviants, and that they need to be fixed in order to regain access to their lives and families. Boy Erased succeeds in using one person’s story to shed light on a large reality, and takes the chance to explore notions of identity, family and acceptance.

Boy Erased on IMDb

Identidad borrada (2018)

 

¡Justo estábamos hablando de películas dirigidas por actores! Aquí tenemos otra: Identidad borrada es el segundo largometraje de Joel Edgerton como director, un estudio sobrio y sensible de las muchas crueldades de la terapia de conversión gay.

El guión, escrito por el propio Edgerton, es una adaptación de las memorias de Garrard Conley; aquí, se llama Jared (¿quizás por compasión con los que tenemos que escribir su nombre?), lo interpreta Lucas Hedges, y es el hijo gay de un pastor ultraconservador (Russell Crowe) y una peluquera (Nicole Kidman). Cuando Jared admite ante sus horrorizados padres que es homosexual, deciden apuntarlo a un “programa” diseñado para ayudar a jóvenes en su misma situación a “encontrar su camino”: en realidad, es el padre quien decide, y Jared y su madre aceptan su veredicto. Por supuesto, la frase “terapia de conversión” no se menciona ni una vez, y todo el asunto se presenta envuelto en insufribles eufemismos y alegorías cristianas. Envían a Jared a un centro dirigido por Victor Sykes (Edgerton mismo), un predicador de fuego y azufre que dice poder ayudar a los adolescentes a expulsar los demonios de la homosexualidad.

Antes de ver la película, pensé que corría un gran riesgo de caer en el melodrama: me pareció, quizá cínicamente, que el hecho de que Edgerton se fichara a sí mismo para el papel antagonista podía ser una excusa para darse rienda suelta y sobreactuar como un villano exagerado. Nada más lejos: Sykes, tal y como lo interpreta Edgerton, por odioso y despreciable que sea, se queda en segundo plano y deja que la vida y la identidad de Jared sean el centro de atención, como debe ser. Edgerton identifica correctamente que el centro de conversión es solo un factor de la ecuación, y pasa tanto tiempo en él como estudiando la familia de Jared que lo llevó hasta ahí.

Lucas Hedges lleva la película con la sutilidad y la habilidad que hemos acabado por esperar de él gracias a filmes como Manchester by the Sea, Lady Bird y El regreso de Ben; tan joven y con tantos créditos, todavía no lo he visto dar una mala actuación. Y con Nicole Kidman, ¿por dónde empezar? A estas alturas es casi redundante decir que es una actriz fenomenal: ¿quién más puede hacer Big Little Lies, y luego Destroyer, y luego Aquaman, y luego esto, pasando de un papel a otro en unos pocos meses como si fuera lo más normal del mundo? En esta película, el desarrollo de su personaje es conmovedor: es una mujer profundamente religiosa que ha sido condicionada para creer que la homosexualidad es un pecado y una decisión, pero como madre que observa cómo castigan y reprimen a su hijo por ser quien es, siente con todo su ser que está mal y escucha a su instinto.

Identidad borrada se toma su historia en serio, y no rebaja el daño que las terapias de conversión causan a sus víctimas (los jóvenes LGBT que sufren estos programas son cinco veces más proclives a intentar suicidarse que aquellos que no; hay vidas en juego), pero tampoco se centra en los aspectos prácticos de la tortura, sino en el conflicto emocional: después de todo, una de las muchas tragedias de esta realidad es que no faltan los chicos que participan en estos programas más o menos voluntariamente, porque los han adoctrinado para creer que son humanos defectuosos, pervertidos que hay que arreglar antes de que puedan volver a sus vidas y a sus familias. Identidad borrada consigue utilizar la historia de una persona para iluminar una situación mayor, y de camino habla de nociones de identidad, familia y aceptación.

Identidad borrada en IMDb