Consequences (Posledice) (2018)

Matej Zemljic in Consequences

¡En español!

I can say with confidence that I’d never seen a film set in a Slovenian youth detention center. I like movies like that, where even before it begins, and regardless of how it turns out, I know I’m going to learn something new today.

Consequences tells the story of Andrej (Matej Zemljic), a troubled and troublesome young man who is sentenced to a stay in a state facility for at-risk youth. His parents have given up on him: he is aggressive, gets in trouble constantly, steals, goes missing nobody knows where… By having him committed to the center, the court hopes he will learn to maintain a structure in his life.

It is the kind of hope that crashes against the wall of reality: the old, public-building style facility in outer Ljubljana that Andrej gets sent to is a battleground for predatory young men on different stages of becoming full-fledged criminals. Bullying is the norm, when it does not degenerate into extortion and violence; the staff are half powerless, half apathetic to stop the abuses happening right under their nose. They warn of “consequences”, but the only power they have is to revoke weekend passes, and if they can’t stop a punished kid from leaving, what good are those anyway?

Andrej learns from the very first minute that in this place, he can only be either prey or predator, and does not hesitate to assert his stature to the gang that rules the center, led by the feral Zele (Timon Sturbej). When the bullies see that they cannot intimidate him, they take him on as an enforcer and use him to collect debts and interest from other kids -by whichever means necessary- and then use the cash for booze and drugs.

I realize how bleak this sounds, and I guess it is, but Andrej is a more beguiling protagonist than it may appear: his alignment with the bullies is borne out of survival, not of cruelty, and while the movie makes no attempt to whitewash his conduct towards the weaker students, the director’s gaze and Zemljic’s performance crucially show that Andrej is aware that what he’s doing is wrong -unlike Zele, who relishes his dominance with amoral glee- and we can see the increasing toll the inevitable self-loathing takes on him.

It is here, in the study of Andrej’s descent into oppression (both as a victim and a perpetrator of it) that the film takes on a raw, uncompromising intensity. As he grows closer to Zele, he mistakes validation for friendship, and attraction for affection, because he has never known either; he lives in a hypermasculine environment that demands undivided loyalty, but does not tolerate deviation from the norm of the straight tough guy persona (Andrej uses his only possession, his phone, to look at pictures of his pet rat, whom he cherishes like a little boy). Seeing him realize he does not fit in the power structure he’s helping establish is heartbreaking.

Consequences is a rough experience in a ruthless environment, but its regard is clear-eyed and energetic -I had to double-check that this is only writer and director Darko Stante’s first feature. His script and the lead performance combine into an impactful story that stays after the end credits have rolled.

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Consequences (Posledice) (2018)

 

Puedo decir sin temor a equivocarme que nunca había visto una película ambientada en un centro de detención de menores esloveno. Me gustan esas pelis, cuando antes siquiera de que empiecen, ya sé que hoy voy a aprender algo nuevo.

Consequences es la historia de Andrej (Mateij Zemljic), un joven en situación de riesgo sentenciado a ingresar en un centro estatal. Sus padres se han rendido: es agresivo, se mete en líos constantemente, roba, desaparece quién sabe dónde… Al enviarlo al centro, el tribunal espera que aprenda a mantener algo de estructura en su vida.

Es el tipo de esperanza que se estrella contra el muro de la realidad: el destartalado edificio público en las afueras de Liubliana al que mandan a Andrej es un campo de batalla para jóvenes depredadores en etapas varias de convertirse en criminales a tiempo completo. El bullying es la norma, cuando no degenera en extorsión y violencia; los empleados son mitad impotentes, mitad apáticos a la hora de poner freno a los abusos que se dan delante de sus narices. Avisan de “consecuencias”, pero su única herramienta es revocar los permisos de fin de semana, y si no pueden impedir que un chico castigado se vaya, ¿qué efecto tienen?

Andrej aprende desde el primer minuto que en este lugar solo puede ser presa o cazador, y no duda en plantarle cara a la banda que domina el centro, que lidera el salvaje Zele (Timon Sturbej). Cuando los matones ven que no pueden intimidarlo, lo reclutan como mano dura para que cobre deudas con intereses de los demás internos -cueste lo que cueste- y luego se gastan el dinero en alcohol y drogas.

Suena desalentador, y supongo que lo es, pero Andrej es un protagonista más intrigante de lo que podría parecer: su incorporación a los matones es fruto de la necesidad, no de la crueldad, y aunque la película no intenta jamás justificar su conducta para con los estudiantes más débiles, la mirada del director y la actuación de Zemljic muestran crucialmente que Andrej sabe que lo que hace está mal -no como Zele, que disfruta de su supremacía con amoral deleite- y nos dejan ver la factura que le pasa la inevitable culpabilidad.

Es aquí, en el estudio del descenso de Andrej en la opresión (como víctima a la vez que como perpetrador), que la película toma una intensidad cruda y decidida. A medida que estrecha su relación con Zele, confunde validación con amistad, y atracción con afecto, porque nunca ha conocido ninguna de las dos; vive en un entorno hipermasculino que exige lealtad absoluta, pero no tolera ninguna desviación de la impostura del hombre duro (Andrej utiliza su única posesión, su móvil, para ver fotos de su rata mascota, a la que quiere con entusiasmo infantil). Verle darse cuenta de que no encaja en la estructura de poder que está ayudando a establecer es desgarrador.

Consequences es una experiencia dura en un entorno despiadado, pero su mirada es clara y enérgica; he tenido que mirar dos veces que solo sea el primer largometraje de Darko Stante, el director y guionista. Su guión y la actuación protagonista forman juntos una historia impactante que permanece después de que hayan terminado los créditos.

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