The Lost Daughter (2022) – Movie Review

Olivia Colman in The Lost Daughter

¡En español!

A talented actor decides to try her hand at directing, decides her first feature film will be the adaptation of a book, and knocks it out of the park on first try, using her own experience to draw great performances from her actors. I could be talking about Rebecca Hall and the extraordinary Passing, but this also applies to Maggie Gyllenhaal and this The Lost Daughter, her first directing credit, based on a short story by Elena Ferrante.

The story takes on the perspective of Leda (Olivia Colman), a literature professor spending her holidays in the touristy Greek island of Kyopeli -a fictitious place, although if the picturesque beaches and docks spark your wanderlust, the tiny real-life island the movie was filmed in is called Spetses. Leda spends her days in blissful tranquility, tended to by the owner of her rented apartment (Ed Harris) and the beach bar’s employee (Paul Mescal, of Normal People fame), reading and writing her Italian literature translations.

Her peace is shattered with the arrival of a noisy American family of seemingly dozens of obnoxious relatives, who quickly take over the beach, the cinema, and almost every other public space on the island. Leda is equal parts repulsed and fascinated by their tacky, unconcerned rudeness. She deliberately antagonizes them, but also wants to know more about them, especially Nina (Dakota Johnson), the mother of a young girl who seems at the end of her leash, suffocated by the demands of motherhood, unsupported by her dodgy husband (Oliver Jackson-Cohen, whom I bring up just to tell you to watch The Haunting of Hill House). This brings back memories of Leda’s own struggles when she was a young mother herself, in the form of flashbacks in which she is played by Jessie Buckley.

The Lost Daughter is fascinating from the start thanks in no small part to Olivia Colman’s magnetic screen presence. Leda’s is a thorny character: she makes questionable choices, escapes easy definitions, bristles at other people’s overtures, and prioritizes her own wishes over all else. She is, in short, the best kind of protagonist, because she is complex but in a noticeably authentic way, and Colman lends her an incredible force. Some actors play variations of their carefully cultivated persona, but Colman always demonstrates such ease to step away from the cheery nonchalance of her interviews and delve into considerably darker territories (this role is one example, but she was also just in Landscapers in an even more sinister role). Jessie Buckley is also extraordinary, as she has to play all of those complexities while tying her performance to Colman’s. She and Dakota Johnson both must contend with that taboo that is dispassionate motherhood.

If Rebecca Hall excelled in the camera’s placement and the artistry of Passing’s compositions, Maggie Gyllenhaal employs a naturalistic approach that shies away from needle drops, artificial blocking, or easy drama, in favor of a more handheld, observational look -although, for what it’s worth, both first-time directors make it look like they’ve been doing this for decades.

The Lost Daughter, in its normalcy, feels as tense as a thriller because anything could happen, anytime. The present and past timelines combine to build up tensions that bubble up closer and closer to the surface, and you’ll end up bracing for them to break. Watch it for the atmosphere, or the performances, or the story, but don’t let it pass you by.

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La hija oscura (2022)

Una excelente actriz ha decidido convertirse en directora, se propone adaptar un libro para su primer largometraje, y lo borda a la primera, valiéndose de su propia experiencia para lograr impresionantes actuaciones de su reparto. Podría estar hablando de Rebecca Hall y de la extraordinaria Claroscuro, pero lo mismo se puede decir de Maggie Gyllenhaal y esta La hija oscura, su primera película como directora, adaptando el relato corto de Elena Ferrante.

La historia se cuenta desde la perspectiva de Leda (Olivia Colman), una profesora de literatura de vacaciones en la turística isla griega de Kyopeli (un lugar ficticio, aunque si los pintorescos puertos y playas te llaman la atención, en la vida real la película se rodó en una diminuta isla llamada Spetses). Leda pasa los días en idílica tranquilidad, atendida por el dueño de su piso turístico (Ed Harris) y el camarero del bar de la playa (Paul Mescal, de Normal People), leyendo y escribiendo traducciones de literatura italiana.

Su paz termina bruscamente cuando llega una bulliciosa familia americana, formada por lo que parecen ser docenas de insufribles jóvenes que se adueñan de la playa, el cine, y prácticamente todo el espacio de la isla. Leda siente repulsa y fascinación a partes iguales por su comportamiento hortera y desenfadado. Les planta cara con osadía, pero también desea acercarse a ellos, especialmente a Nina (Dakota Johnson), la madre de una niña pequeña que parece encontrarse al borde del colapso, agobiada por las exigencias de la maternidad, sin la ayuda de su inquietante marido (Oliver Jackson-Cohen, a quien menciono para recomendarte The Haunting of Hill House). Leda rememora su propio sufrimiento cuando fue madre, en forma de flashbacks en los que Jessie Buckley la interpreta de joven.

La hija oscura fascina desde el primer minuto gracias en buena medida al magnetismo de Olivia Colman. Leda no es un personaje fácil: toma decisiones cuestionables, escapa a toda definición, rechaza los gestos de los demás, y prioriza sus propios deseos por encima de todo. Es, en resumen, el mejor tipo de personaje posible, complejo de una forma que se puede reconocer del mundo real, y Colman la interpreta con una fuerza increíble. Algunos actores siempre interpretan alguna variación de una imagen calculada, pero Colman demuestra una sorprendente facilidad para alejarse de la alegría bonachona de sus entrevistas y adentrarse en aguas mucho más oscuras (este papel es un ejemplo, pero también acaba de salir en Cómo meterse en un jardín con un papel aún más siniestro). Jessie Buckley también es un fenómeno, porque debe actuar con todas esas complejidades pero además incorporando el estilo de Colman. Tanto ella como Dakota Johnson deben enfrentarse al tabú que sigue siendo la maternidad insatisfecha.

Si Rebecca Hall domina el emplazamiento de la cámara y el arte de las composiciones de Claroscuro, Maggie Gyllenhaal emplea un estilo más naturalista que relega la banda sonora, los planos artificiales, o el drama fácil a segundo plano, prefiriendo un enfoque más cámara-en-mano; en cualquier caso, las dos directoras primerizas trabajan como si llevaran décadas en la silla.

La hija oscura, con su normalidad, se hace igual de tensa que un thriller porque podría pasar cualquier cosa en cualquier momento. El presente y el pasado se combinan para elevar la tensión hasta lo inevitable. Vela por la ambientación, o las actuaciones, o la historia, pero no la dejes pasar.

La hija oscura en IMDb