Where many Hollywood romances feel sanitized, simplified, or both, Ira Sachs’s latest runs in the opposite direction, diving right into the messiness of human relationships.
Lukas (Franz Rogowski) is a mercurial German director who lives in Paris with his mild British husband, Martin (Ben Whishaw), a print editor. They lead a cultured, bougie lifestyle that seems stable until Lukas meets, sleeps with, and falls in love (in that order) with Agathe (Adèle Exarchopoulos), a young French woman who runs in the same circles. No sooner has Lukas torpedoed his marriage to pursue Agathe than he begins to have second thoughts, bringing on a hurricane of jealousy, desire, betrayals, arguments, and reconciliations.
The early episodes feel vibrant, exciting even, due to how brisk the pacing is: all of the above happens in the first ten or fifteen minutes, as days or even weeks pass between one scene and the next. Rogowski and Whishaw deliver powerful performances that come alive with their shared history: the former always looks like he is driven mad with lust towards whichever person he is sharing a scene with, whereas the latter conveys the weight of a long history with perhaps more than a few ups and downs.
As the film goes on, it’s not so much that the rhythm slows down as that it doesn’t really change, moving along at intervals that eventually begin to feel repetitive. The character of Agathe, especially, is a victim of the story’s focus on Lukas’ perspective: through no fault of Exarchopoulos, I didn’t really get a feel for what this character’s inner life was or where her aspirations lay, at least not in the way that I did for my namesake, whose psyche pulls through clearer in his scenes with and without his husband.
In the end, Passages is too uneven to fully work for me, but Sach’s directorial flair is compelling enough to make it worth a watch.
Passages (2023)
Mientras que tantas películas de Hollywood salen o simples, o asépticas, o ambas cosas a la vez, Ira Sachs apunta en la dirección contraria y se lanza de lleno a explorar los desastres de las relaciones humanas.
Lukas (Franz Rogowski) es un apasionado director alemán que vive en París con su sensato marido inglés, Martin (Ben Whishaw), un editor de imprenta. Llevan un estilo de vida cultivado y burgués que parece estable hasta que Lukas conoce, se acuesta con, y se enamora de (en ese orden) Agathe (Adèle Exarchopoulos), una joven francesa que se mueve en sus mismos círculos. En cuanto Lukas sabotea su matrimonio para iniciar un romance con Agathe, empieza acto seguido a arrepentirse, dando pie a todo un huracán de celos, deseo, traiciones, peleas y reconciliaciones.
Los primeros episodios son dinámicos y hasta emocionantes, por lo ágil que es el ritmo: todo lo susodicho tiene lugar en diez o quince minutos a lo sumo, porque entre una escena y la siguiente pasan días o hasta semanas. Rogowski y Whishaw actúan ambos con todo el peso de una vida en común: el primero siempre parece loco de deseo por cualquier persona con la que comparta escena, mientras que el segundo deja ver que no es la primera vez que su matrimonio se pone a prueba.
A medida que avanza la película, no es que el ritmo se detenga sino que no cambia, avanzando a intervalos que se acaban haciendo repetitivos. Además, el personaje de Agathe en concreto es víctima de una historia que se centra sobre todo en la perspectiva de Lukas: aunque no sea culpa de la actriz, nunca llegamos a conocer su vida interior ni sus conflictos de la misma forma que con mi tocayo, cuyo perfil se define más claramente en sus escenas con o sin su marido.
Al final, Passages no acaba de funcionar del todo, pero el brío de Ira Sachs como director no deja de ser impresionante.