Under the Silver Lake (2018)

Andrew Garfield in Under the Silver Lake

¡En español!

Under the Silver Lake is equal parts weird, funny, poignant, absurd, pleased with itself, visually arresting, engrossing, meandering, saturated… I could go on, and in fact I shall.

Sam, played by a perpetually gormless Andrew Garfield, is a thirty-something slacker who mostly sits on his balcony, snooping on his neighbors and chain-smoking. His life seems to contain few other activities, paying rent or any kind of bills very much not among them. One bright morning he meets a beautiful woman who lives in the same apartment complex, falls immediately in love, she seems interested… Except the next day she’s vanished, her apartment vacated. Sam decides, mostly unprompted, that this is the result of a deep and far-reaching conspiracy that involves a serial dog killer (as in, a killer of dogs, not a dog who is a killer -although in this movie either one would be as likely), doomsday cults, hidden codes, underground folk music, and more.

Finding Sarah (Riley Keough), the neighbor, is ostensibly the goal of the movie but the path there is anything but straight. Sam drifts from one place to another, crossing a seemingly endless parade of weirdos, losing focus as a new supposed clue distracts him from the previous one, and sees signs and portents each one more ominous than the last.

David Robert Mitchell’s movie, which I can only describe as a slacker noir, is really a love letter to LA, or at least to a side of the city very far removed from the touristy areas or the mansions of Beverly Hills. Brightly lit and full of primary colors, it takes us to hipster hangouts, beautiful back yards and gardens, rooftop parties, and of course the titular Silver Lake, rarely visiting the same place twice. It is a modern, fashionable city that Sam has willed to become the sinister backdrop of his detective story.

Andrew Garfield carries the entire movie, appearing in every scene, and on top of sheer work there’s also skill in how endearing he can make a character who for the most part could seem permanently stoned out of his mind. He manages to sell his own conspiracy theory as he pieces together impossible clues, more out of sheer stubbornness than competence.

I was fully on board with Under the Silver Lake all through the first two acts, but the movie loses steam towards the end; as the plot nears resolution, it finds itself holding more loose ends than it can tie, and while the central mystery is solved it’s disappointing that some of the most prevalent side stories in the movie never receive any kind of closure. Sometimes its surrealism can veer into the self-indulgent, too, and I think there’s wish fulfilment in Sam’s conquests, but the rest of the time it’s creative and unexpected and full of life. It’s worth spending a sunny afternoon chasing clues across LA.

Under the Silver Lake on IMDb

 

Under the Silver Lake (2018)

 

Under the Silver Lake es a partes iguales rara, graciosa, emotiva, absurda, encantada de conocerse, visualmente intrigante, fascinante, divagante, saturada… Podría seguir, y de hecho creo que seguiré.

Sam, interpretado por un Andrew Garfield perpetuamente despistado, es un treintañero vago que se dedica a descansar sentado en su balcón, espiando a sus vecinas y fumando. Su vida parece contener pocas actividades, y pagar el alquiler o cualquier tipo de factura decididamente no están en la lista. Una buena mañana conoce a una hermosa mujer que vive en el mismo complejo de apartamentos, se enamora inmediatamente, ella parece interesada… Pero al día siguiente ha desaparecido, dejando el apartamento vacío. Sam decide, más o menos sin motivo alguno, que esto es el resultado de una profunda y enrevesada conspiración que incluye a un asesino de perros, sectas del juicio final, códigos ocultos, música folk alternativa, y más.

Encontrar a Sarah (Riley Keough), la vecina, es la meta de la película, pero el camino es de todo menos directo. Sam vaga de un lado a otro, cruzándose con un desfile interminable de bichos raros, y pierde la concentración cada vez que una nueva supuesta pista lo distrae de la anterior, y ve señales y portentos cada cual más preocupante.

La película de David Robert Mitchell, que solo puedo describir como slacker noir, es realmente una carta de amor a Los Ángeles, o al menos a un lado de la ciudad muy alejado de las zonas turísticas o las mansiones de Beverly Hills. Iluminada con alegría y llena de colores primarios, nos lleva a sitios hipsters, bellos patios y jardines, fiestas en tejados, y por supuesto el Silver Lake del título, sin pasar apenas dos veces por el mismo sitio. Es una ciudad moderna y de moda que Sam ha decidido convertir en el fondo siniestro de su historia de detectives.

Andrew Garfield lleva el peso de toda la película, en la que aparece en cada escena, y además del puro trabajo también hay habilidad en lo entrañable que puede convertir a un personaje que por lo demás parece constantemente fumado. Consigue vendernos su propia teoría de la conspiración mientras investiga pistas imposibles más por pura cabezonería que competencia.

Yo estaba totalmente del lado de Under the Silver Lake durante los dos primeros actos, pero la película pierde fuelle hacia el final; cuando el argumento llega a su resolución, se descubre sujetando más cabos sueltos de los que puede atar, y aunque resuelve el misterio central me decepcionó que algunas de las historias secundarias más persistentes de la película no reciban ningún tipo de conclusión. Además, a veces el surrealismo degenera en lo autocomplaciente, y creo que hay algo de ensoñación propia en las conquistas de Sam, pero el resto del tiempo es creativa e inesperada y llena de vida. Merece la pena pasarse una tarde soleada persiguiendo pistas por Los Ángeles.