Heartstone (2016)

Baldur Einarsson and Blær Hinriksson in Heartstone

¡En español!

There seems to be an Iceland very far from the Northern Lights and the beautiful waterfalls. It is an Iceland of perpetually drizzly days and cold nights, of jagged, sandless shores and dilapidated villages.

Thor (Baldur Einarsson) and Kristjan (Blaer Hinriksson) are in those tumultuous years of early adolescence, which are difficult in the best of circumstances, let alone in this bleak landscape they find themselves in. Thor, who looks no older than twelve, lives with his single mother and two sisters. Kristjan is a full head taller and looks older, but he’s Thor’s best friend; he lives with his mother and his abusive father. In their different ways, their families are broken, and so in the long summer months they spend all day together, fishing, trying to talk to girls. If they come home late at night, their parents don’t even notice, or try not to notice.

This movie, written and directed by Gudmundur Arnar Gudmundsson, is not a coming of age story so much as a tale of survival. In this hostile environment, Thor and Kristjan can’t afford to sit down and contemplate their place in the world when just making it through their teenage years in one piece seems daunting. Heartstone skillfully builds a grim, hyper-aggressive world where every human interaction is framed as a challenge: be it boys or girls, the kids are constantly daring each other to do things, and every action is measured in terms of losing or saving face. Verbal violence is constant, and it often degenerates into physical violence.

Thor is picked on by the other kids, not being as big and tough as they are, and tries to approach a girl he likes; the defeats he endures in this process, though humiliating, are an expected part of adolescence. Kristjan, on the other hand, is starting to question his sexuality, and that is a deviation that is not tolerated in the strict social structure of their village. Rumors start to spread that Kristjan might be gay, and the first thing we hear is that Kristjan’s dad beat up a man from the same town who was apparently gay, and the man had to move to “the city” (Reykjavik). We don’t get to see much of Kristjan’s internal conflict, which I think is intentional; when every waking moment is spent putting up a façade for a judging audience, there is no time or energy left for introspection, only for self-effacement.

Heartstone is tough, and unapologetically so, but it’s not devoid of feeling towards its two central characters, who in cold and lifeless surroundings are given life and warmth by two talented young actors. It takes a hard, probing look at male adolescence (straight and gay) in a raw, visceral state, and it doesn’t shy away from pointing at all the ways in which we pressure children into the often exclusionary molds of standardized adulthood. It is uncompromising, but there is a wounded beauty to it, in its dimly lit nights and its sparks of humanity between the sea and the rocks.

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Heartstone (2016)

 

Parece haber una Islandia muy alejada de la aurora boreal y las hermosas cascadas. Es una Islandia de días perpetuamente húmedos y noches frías, costas sin playas y aldeas desamparadas.

Thor (Baldur Einarsson) y Kristjan (Blaer Hinriksson) están pasando por esos tumultuosos años de la primera adolescencia, que ya son difíciles en las mejores circunstancias, mucho más en el cruel entorno en el que se encuentran. Thor, que no aparenta más de doce años, vive con su madre soltera y con sus dos hermanas. Kristjan le saca una cabeza y parece mayor, pero es el mejor amigo de Thor; vive con su madre y con su padre, que los maltrata. De formas distintas, sus familias están rotas, y así pasan juntos los largos meses de verano, pescando, intentando hablar con chicas. Si llegan tarde a casa una noche, sus padres ni se dan cuenta, o intentan no darse cuenta.

Esta película, escrita y dirigida por Gudmundur Arnar Gudmundsson, no es la típica historia de adolescentes; no se trata de encontrar el sitio de uno en el mundo tanto como de sobrevivir. Thor y Kristjan no pueden permitirse ese tipo de reflexiones en un mundo en el cual solo el hecho de sobrevivir hasta la edad adulta parece desafiante. Heartstone construye con gran habilidad un mundo sombrío e hiperagresivo en el que cada interacción humana se enfoca como un desafío: tanto los chicos como las chicas se retan mutuamente a hacer cosas, y cada acción se mide en términos de perder o ganar reputación. La violencia verbal es constante, y a menudo degenera en violencia física.

Los demás chicos se meten con Thor por no ser tan grande y fuerte como ellos, y mientras intenta acercarse a la chica que le gusta; las derrotas que sufre por el camino, aunque humillantes, son una parte esperada de la adolescencia. Kristjan, por el contrario, está empezando a cuestionarse su sexualidad, y eso es una desviación que no se tolera en la estricta estructura social del pueblo. Empiezan a circular rumores de que Kristjan podría ser gay, y lo primero que oímos es que su padre dio una paliza a un vecino que al parecer era gay y ahora ese hombre ha tenido que mudarse a “la ciudad” (Reykjavik). No vemos gran cosa del conflicto interno de Kristjan, y yo creo que es deliberado: cuando cada momento del día se pasa en levantar una fachada para un público que juzga, no queda tiempo ni energía para la introspección, solo para la invisibilidad.

Heartstone es dura, y no se averguënza de serlo, pero no carece de emoción para con sus dos personajes centrales, quienes en un entorno frío e inhóspito reciben calor y vida de dos jóvenes actores de gran talento. Lanza una mirada dura e inquisidora a la adolescencia masculina (hetero y gay) en un estado crudo y viseral, y no duda en señalar todas las formas en las que empujamos a los niños para que encajen en moldes a menudo excluyentes de personalidades estandarizadas. Es desgarradora, pero hay una belleza herida en sus noches apenas iluminadas y las chispas de humanidad entre el mar y las rocas.