Les Miserables (2019) – Movie Review

¡En español!

To clear any confusion: Ladj Ly’s Les Miserables is not an adaptation of Victor Hugo’s novel, despite its title, although the book is referenced a few times during the movie so it is, at least thematically, very much related.

This story takes us to the banlieu, the projects outside Paris, where life is very far removed from that in the center of the capital: drug trafficking and prostitution are rife, the area is economically depressed, it’s survival of the fittest for children and teenagers, and gangs get into skirmishes to the general indifference of the police and the government.

Our entrance into this world is through Pento (Damien Bonnard), a police officer who just transferred to a unit charged with patrolling one of these otherwise lawless projects. He joins Chris (Alexis Manenti) and Gwada (Djebril Zonga), two veterans of an area where they represent the entirety of the government’s presence. To say these police officers are corrupt is to give them too much credit: we might all be better off if they were just taking bribes, because there is a semblance of order in that. No, they are bullies, and if they keep order it’s only because they change it up when it comes to who they shake down or terrorize. The mafias know they cannot retaliate, under pain of drawing the attention of the general police force, and the civilian residents have no recourse except to comply and humor them. It might look at the beginning like Pento is the reasonable one, the level-headed voice of reason, but there’s no room in Les Miserables for a benevolent authority figure.

The film’s other point of view is that of a group of black children who live in the projects and make do as best they can. One of them (Issa Perica) kicks the plot into motion when he steals a lion cub from a Romani circus. This sparks conflict between the owners of the circus and the slumlords, which gets the police involved, which is bad for everyone. The subtext, which surfaces as text later in the movie, is that any violence here could devolve into full-scale riots, as the ones that erupted in Paris in 2005 over the course of several weeks.

What follows is an unvarnished look at life on the outskirts of society. Ly’s film is unflinching in its portrayal of intimidation and fear, at the hands of criminals and police alike, and he spares no one in his denouncing of our abandonment of the working class. The style is sober and realistic, the quarrels ugly and unresolved, feeling often more like a documentary than fiction. Like the old Les Miserables, it is a chronicle of the downtrod, a work that wants to sit us down and calmly explain to us how our neighbors we don’t know we have live their lives.

One critical issue that I think did not make the jump from that Les Miserables to this one, however, is that of kindness. For all its denounciation and its tragedy, Victor Hugo’s novel brims with compassion; the writer’s, but also that of the good people in it. It’s not about a happy ending or about savior figures (if anything, the good people in the book are regularly the worst off), but about finding the goodness in people who have incentives to turn away from it. Think of the bishop of Digne, who asked rich people to give him alms for the poor: when one nobleman snottily replied “I already have my own poor”, the bishop replied, “Give me them”.

I don’t think you can understand Hugo’s work without this aspect, but in Ly’s piece there is no room for compassion: the police officers, the closest thing we have to protagonists, are the oppressors as much as the mafia, and the children are definitely victims but they are survivors. There are two glimpses of mothers as protective figures, but even then one of those is in a way complicit.

Still, Les Miserables is a powerful film, about a place and a subject that rarely gets representation. It speaks many different truths, and does not pretend to have easy solutions. Maybe us knowing that this is happening is part of the solution.

Les Miserables on IMDb

Les Miserables (2019)

 

Para despejar cualquier duda: Los Miserables de Ladj Ly no es una adaptación de la novela de Víctor Hugo, a pesar de su título, aunque se hace referencia a ella varias veces, así que temáticamente al menos la relación es deliberada.

La historia tiene lugar en la banlieu, los suburbios en las afueras de París, donde la vida no se parece en nada a la del centro de la capital: el tráfico de drogas y la prostitución están por todas partes, la zona es pobre, para los niños y adolescentes es la ley del más fuerte, y las bandas se meten en escaramuzas ante la indiferencia general de la policía y el gobierno.

Entramos en este mundo a través de Pento (Damien Bronnard), un agente de policía al que acaban de trasladar a una unidad que patrulla uno de estos suburbios. Se une a Chris (Alexis Manenti) y Gwada (Djebril Zonga), dos veteranos del barrio en el cual encarnan la única presencia del estado. Decir que estos agentes son corruptos sería darles demasiado mérito: quizá nos fuera mejor a todos si se limitaran a cobrar sobornos, porque en ello hay cierta semblanza de orden. No, son matones, y si mantienen la paz es solamente porque van alternando a quién extorsionan o amenazan. Las mafias saben que no pueden contraatacar, para no llamar la atención del resto del cuerpo de policía, y los vecinos no tienen más remedio que obedecer y cooperar. Al principio puede dar la impresión de que Pento será la voz de la razón en su nuevo equipo, el compañero prudente, pero en Los Miserables no hay sitio para una figura autoritaria benévola.

El otro punto de vista de la película es el de un grupo de niños negros que viven en los bloques de apartamentos y hacen lo que pueden para pasar el rato. Uno de ellos (Issa Perica) desencadena el argumento cuando roba un cachorro de león de un circo gitano. Esto genera conflicto entre los dueños del circo y la mafia del barrio, lo cual hace que se involucre la policía, lo cual es malo para todos. El subtexto, que se convierte en texto más adelante, es que toda violencia alberga el riesgo de acabar en disturbios a gran escala, como aquellos de París de 2005 que duraron semanas enteras.

Lo que sigue es un estudio descarnado de la vida en las afueras de la sociedad. El filme de Ly no adorna su retrato de la intimidación y el miedo, a manos de policías y criminales por igual, y no perdona a nadie en su denuncia del abandono de la clase trabajadora. El estilo es sobrio y realista, las peleas feas y desordenadas; a menudo parece más un documental que una obra de ficción. Como el Los Miserables literario, es una crónica de los oprimidos, una obra que quiere sentarse con nosotros y explicarnos serenamente cómo viven los vecinos que no sabemos que tenemos.

Un elemento crucial que me parece que no ha pasado de aquel Los Miserables a este, sin embargo, es el de la compasión. Sin desmerecer de la denuncia y la tragedia, la novela de Víctor Hugo rebosa compasión: la del escritor, pero también la de las buenas personas de las que habla. No se trata de tener finales felices o de introducir figuras salvadoras (si acaso, las buenas personas son las que peor paradas salen), sino de resaltar la bondad en las personas que tienen incentivos para alejarse de ella. Pienso en el obispo de Digne, que le pedía a los ricos que le dieran donativos para los pobres: cuando un noble le contestó desdeñoso “Yo ya tengo mis propios pobres”, el obispo respondió “Démelos”.

No creo que se pueda entender la obra de Hugo sin este aspecto, pero en la de Ly no cabe la compasión: los policías, lo más cercano que tenemos a unos protagonistas, son los opresores igual que la mafia, y los niños son indudablemente víctimas, pero tienen que sobrevivir y acaban por rebelarse. Solo hay dos vistazos a las madres como figuras protectoras, pero incluso entonces una de ellas es en cierto modo cómplice.

En todo caso, Los Miserables es una película potente, sobre un lugar y un tema que rara vez vemos en pantalla. Cuenta muchas verdades distintas, pero no finge tener una solución fácil. Tal vez hacernos saber que esto está pasando es parte de la solución.

Los Miserables en IMDb