Another Round (Druk) (2020) – Movie Review

Mads Mikkelsen in Another Round

¡En español!

I don’t even drink! I start with that because you are going to hear a lot of things about how Martin is a depressive alcoholic and I don’t want any confusion!

This Martin, played by Mads Mikkelsen, is a Danish high school teacher and he is in a rut. He is so unmotivated by his job that his students stage an intervention to try to coax him into putting some effort into his lectures. At home, he feels estranged from his wife and kids, with whom he has a cordial but absent relationship. The closest he comes to feeling alive is when he’s shooting the breeze with his three equally depressed friends and colleagues, Peter (Lars Ranthe), Tommy (Thomas Bo Larsen) and Nikolaj (Magnus Millang) (If you didn’t snicker when reading this last name, you just gave away that you’re not watching Brooklyn Nine Nine). The four of them together come up with a solution to the impasse they find themselves in: day-drinking!

No, seriously. With a straight face, they explain that a psychiatrist called Skarderud proposed that people should have a 0.05% level of alcohol in their bloodstream at all times to achieve peak social and intellectual performance, and they set out to test this hypothesis with academic rigor by, well, getting blazed before work and then keeping the buzz going all day long. 

You might spot some flaws in this plan. I do too! But, like many terrible ideas, it starts out well enough. Feeling uninhibited proves to be a boon to Martin’s teaching, who dares to stray from the curriculum by sharing funny anecdotes about world figures -but he keeps the presence of mind to tie his stories back into the teaching assignments, keeping his students engaged and motivated. Pretty soon, though, Martin will discover that lack of constraint also carries loss of control.

It is easy to imagine how this would play out in a Hollywood movie, with a clear moral and AA meetings, but this clear-eyed Danish production keeps subverting expectations by declining to take high or low roads, observing its characters instead with a naturalistic, but not unloving, gaze. They are allowed to make mistakes -and certainly they make lots- but we aren’t invited to judge them, but rather to understand what exactly is what’s missing in their lives to make them behave that way.

And what to even say about Mads Mikkelsen at this point? One of the most interesting faces in cinema, he appears comfortable in American blockbusters and European indies alike, often playing intimidating villains but also capable of turning on his vulnerability at whim -as he does here, with a man overwhelmed not by tragedy or any specific crisis but by the weight of normal life. Without disrespect to the other three leads, Mikkelsen’s performance anchors the entire film; the way he can let four or five different emotions wash over his face in an instant, unaided by dialogue, is like nothing you’ve seen before.

That performance alone is worth the price of admission (or VOD price, rather, since we’re not going to theaters), but the whole film is an emotionally intelligent psychological drama in a landscape with very few comparable offerings. Catch it when you can.

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Another Round (Druk)

¡Yo no bebo! Quiero que conste porque vas a oír muchas cosas acerca de que Martin es un alcohólico depresivo y no quiero que haya malentendidos.

El Martin en cuestión, interpretado por Mads Mikkelsen, es un profesor de instituto danés y está pasando un mal momento. Se siente tan desmotivado en su trabajo que sus alumnos le organizan una intervención para suplicarle que haga un esfuerzo con sus clases. En casa se siente alejado de su mujer e hijos, con quien mantiene una relación cordial pero distante. Cuando más animado se le ve es cuando pasa el rato con sus tres amigos y colegas, igual de deprimidos que él: son Peter (Lars Ranthe), Tommy (Thomas Bo Larsen) y Nikolaj (Magnus Millang) (Si no te has reído con este último nombre, me acabas de confirmar que no ves Brooklyn Nine Nine). Los cuatro diseñan una solución para el impasse en el que se encuentran: ¡empinar el codo!

No, en serio. Con toda seriedad, explican que un psiquiatra llamado Skarderud teorizó que la gente debería mantener un nivel de alcohol en sangre del 0,05% en todo momento para rendir al máximo social e intelectualmente, y se proponen ponerlo a prueba con rigor académico… cogiéndose una cogorza antes de ir a trabajar y manteniendo el nivel todo el día.

Es posible que veas ciertos riesgos en este plan. ¡Yo los vi también! Pero como tantas otras malas ideas, esta empieza bien. La desinhibición resulta ser un regalo para Martin, quien se atreve a alejarse del temario contando anécdotas graciosas sobre figuras históricas, pero sin olvidarse de enlazarlas con su asignatura, consiguiendo así que sus alumnos queden divertidos y motivados. Pero Martin no tardará en descubrir que la falta de ataduras conlleva pérdida de control…

Es fácil imaginar cómo transcurriría todo esto en una peli de Hollywood, con una moralina clara y muchas reuniones de Alcohólicos Anónimos, pero esta avezada producción danesa soslaya los clichés al negarse a tomar partido, limitándose a observar a sus personajes con una mirada naturalista pero no carente de afecto. Les permite cometer errores (y cometen muchísimos) pero no nos invita a juzgarlos, sino a entender qué es exactamente lo que puede faltar en la vida de alguien que se comporta de tal manera.

¿Y qué decir de Mads Mikkelsen a estas alturas? Uno de los rostros más interesantes del cine, igual de cómodo con superproducciones americanas como con cine independiente europeo, alguien que a menudo interpreta a villanos que intimidan como pocos pero capaz de volverse vulnerable en un abrir y cerrar de ojos… como hace aquí, como un hombre abrumado no por la tragedia ni por ninguna crisis concreta, sino por el peso de la vida cotidiana. Sin desmerecer a los otros tres actores principales, la actuación de Mikkelsen eleva todo el filme: la manera que tiene de mostrar cuatro o cinco emociones consecutivas solo con la mirada, sin ayuda de diálogo alguno, no se parece a nada que haya visto antes.

Él ya merece el precio de la entrada (bueno, el precio del alquiler, porque ya no vamos al cine), pero la película es un drama psicológico de profunda inteligencia emocional que también merece la pena en esta cartelera donde no hay mucho con lo que compararla. Búscala allá donde esté.

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