Reminiscence (2021) – Movie Review

Rebecca Ferguson and Hugh Jackman in Reminiscence

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Nostalgia is a powerful temptation, and it’s no coincidence that that applies as much to Reminiscence, the movie itself, which sets out as a send-up of classic noir films, as to its story.

Instead of a 1940s LA or New York City, this noir takes place in a near-future ravaged by climate change, when most of the city of Miami has been reclaimed by the rising seas, giving way to a new society where the poor live in waterlogged slums and the rich erect their mansions in what little dry land remains. The classic private eye protagonist is Nick (Hugh Jackman), who operates a reminiscence business with his whiskey-chugging former sniper assistant, Watts (Thandiwe Newton). They hook up their clients to a tank where they can relive their memories, either to extract information they didn’t know they remembered, or simply to go back to happier times. Of course, there must be a femme fatale, Mae (Rebecca Ferguson), a singer at a gin joint who walks in one night asking to relive an innocent memory. Sure enough, Nick falls hopelessly in love with her, and when she vanishes seemingly into thin air, he will pursue an investigation that will reveal a web of secrets, infidelity, and crime.

As a noir fan, I was delighted by writer and director Lisa Joy’s full embrace of the genre and all of its aesthetic trappings: the emo voiceover, the frosted glass door, the atmosphere of corruption and hopelessness, the bar rooms populated by lowlifes, Mae in her ballgowns with a cascade of red hair, Nick always in a suit and tie that look slept in… Joy also understands noir thematically, most importantly that film noir is always ultimately about the powerful preying on the powerless, and sure enough the personal story of the detective uncovering a secret eventually develops into a bigger plot involving the city’s elite.

A trope, however, is not the same as a cliché, and the problem with Reminiscence is that it never develops the former enough to prevent it from becoming the latter. It is not a bad thing to take a template, especially in sub-genres that can be very specific, but the fun then comes from expanding on that template and giving it a different spin. Ferguson makes for a great femme fatale, for example, but Mae is never given more depth than that; the plot twists and turns in standard, predictable beats until the ending, which collapses under the weight of its own premise in an expository mess.

What is stellar, for me, is the production, because even as I grew disappointed in the story, I loved the world of the movie. If most post-apocalyptic settings seem an excuse for drab, unremarkable backdrops, the aquatic Miami of Reminiscence is a gold mine for cinematography: elevated highways are now ocean walkways, skyscrapers now jut from the water, waves crashing against former office buildings. The aesthetics fit the genre while innovating on it (I am thinking of something like Mute, which opted for a cyberpunk setting and did nothing with it), as the plot should but didn’t: Nick operates out of a building behind a permanently leaking dam, so he walks on streets covered in an inch of water, an illustration of the gumshoe’s half-status between the middle class and the underworld. The bars and clubs all operate on the sea, giving the nightlife an air of dangerous uncertainty as barges come and go in the darkness.

Fans of the genre will want to see what Lisa Joy has concocted, but its allure is surface level. The aesthetic and world-building, as compelling as they are, do not make up for the unremarkable plot, characters, or dialogue.

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Reminiscencia (2021)

La nostalgia es muy tentadora, algo que se aplica tanto a Reminiscencia, la película, un homenaje al cine negro, como a la historia que cuenta.

En vez de en Los Ángeles o Nueva York en los años cuarenta, este noir tiene lugar en un futuro cercano devastado por el cambio climático, cuando la mayor parte de Miami ha quedado bajo el nivel del mar, dando lugar a una nueva sociedad en la que los pobres viven en suburbios anegados y los ricos levantan mansiones en la poca tierra firme que queda. El arquetípico detective privado es Nick (Hugh Jackman), quien opera un negocio de reminiscencia con su fiel y alcohólica ayudante Watts (Thandiwe Newton). Se dedican a enchufar a sus clientes a una cabina en la que pueden revivir sus recuerdos, bien para extraer información que no saben que recuerdan, bien para experimentar tiempos mejores una vez más. Naturalmente, no podía faltar la femme fatale, Mae (Rebecca Ferguson), una cantante en un bar de mala muerte que aparece una noche para revivir un recuerdo perfectamente inocente. Como no podía ser de otra manera, Nick se enamora perdidamente de ella, y cuando desaparece repentinamente, emprende una investigación que desvelará una maraña de secretos, engaños y crímenes.

Como fan del cine negro, agradezco la adopción total y entusiasta de Lisa Joy (la guionista y directora) del género y de todos sus clásicos: la voz en off, la puerta con la ventana de cristal esmerilado, el ambiente de corrupción y desesperación, los bares frecuentados por gente de mala vida, Mae con vestidos de noche y melena pelirroja, Nick siempre con un traje con el que parece haber dormido… Joy también entiende la temática del noir, concretamente que el cine negro en última instancia trata de los poderosos que devoran a los débiles; así, la historia personal del detective que investiga un secreto acaba destapando un complot que implica a la élite de la ciudad.

Sin embargo, un arquetipo no es lo mismo que un cliché, y el problema de Reminiscencia es que no llega a desarrollar lo primero lo bastante para evitar que se convierta en lo segundo. No tiene nada de malo tomar una plantilla, especialmente en un subgénero cuyas señas de identidad son muy precisas, pero la gracia es ir más allá de la plantilla y darle un toque original. Por ejemplo, Ferguson es una gran femme fatale, pero Mae se acaba quedando solo en eso; el argumento avanza y gira de forma predecible hasta el final, que se hunde por el peso de su propia premisa.

Lo que me pareció irreprochable es la producción, porque, aunque me decepcionara la historia, nunca dejó de gustarme el mundo de la película. Si bien los escenarios postapocalípticos suelen ser una excusa para conformarse con decorados insulsos y deprimentes, la Miami semiacuática de Reminiscencia es una mina cinematográfica: las autopistas elevadas se han convertido en paseos sobre el océano, los rascacielos sobresalen del mar, las olas rompen contra antiguos edificios de oficina… La estética encaja en el género a la vez que innova (compara con algo como Mute, que no supo hacer absolutamente nada con su ambientación cyberpunk), que es lo que debería haber hecho también la historia: Nick trabaja en un edificio situado tras un dique por cuyas grietas nunca deja de filtrarse agua y camina por calles encharcadas que ilustran su estatus a medio camino entre la clase media y el inframundo. Los bares y los clubes se encuentran todos en el mar, lo que da a la vida nocturna un aire peligroso e incierto cuando las barcas van y vienen en la oscuridad.

Los aficionados al género querrán ver lo que ha preparado Lisa Joy, pero el atractivo es superficial. La estética y el trasfondo, por intrigantes que sean, no compensan la insustancialidad del argumento, los personajes o el diálogo.

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