The Social Reckoning (2026) – Movie Review

Jeremy Allen White and Mikey Madison in The Social Reckoning

¡En español!

A consensus of some sort had formed around Aaron Sorkin: that he is a good writer but a bad director. Well, after being afforded more opportunities than most, he has now proven that he can also be a bad writer.

There is just nothing to salvage from The Social Reckoning. None of the urgency or passion from The Social Network has made it to this very belated sequel. It is languid, charmless, and out of date the very date it was released.

I’m not sure what it wants to be about, or if it’s trying to be about anything. Bafflingly, it is made of two distinct halves, which are thematically and chronologically unrelated: the main thread is about Frances Haugen (Mikey Madison), a Facebook data analyst, collaborating with journalist Jeff Horwitz (Jeremy Allen White) to report to the public that Facebook deliberately pushes far-right hate rhetoric to people, whereas the second plot is about Mark Zuckerberg (Jeremy Strong) preparing to testify about fact-checking and liability. As I am writing the news just broke that Facebook intentionally limited the reach of Lula da Silva in Brazilian elections to boost Bolsonaro, so obviously there is an urgent, necessary conversation that needs to be had about Meta’s destructive influence on our lives, but Sorkin never bothers to look at the macro level and insists on framing the problem as only relating to fringe extremist groups, pointedly avoiding naming any political parties or even a certain president that is never named.

As if the almost insulting equanimity of the (a)political framing of an extremely political phenomenon wasn’t enough, the writing is appalling in and of itself. There is a shockingly misogynistic “joke” about mansplaining that is all the more galling for coming from Jeff, who otherwise has no personality, no motivations, no stakes, and no defining characteristics all movie, but comes alive this one time only to pontificate that women invented the concept of mansplaining to get out of losing an argument. There’s another moment where Frances, who I will remind you is a data scientist specialized in analyzing demographic data, doesn’t know that “metro” is short for metropolitan and thinks it refers to metrosexual, in this 2026 movie that takes place in 2021. Of the revealing wardrobe that the story requires her to wear, enough has been written. It all culminates in a maudlin January 6 recreation that is too second-hand embarrassing to discuss.

Something good to be said about this movie? Betty Gilpin is in it, for a couple of scenes anyway, and she’s always a delight. There are one or two good punchlines. That’s all I’ve got. Everything else, better skip it.

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El precio de la red (2026)

Últimamente se había formado un cierto consenso alrededor de la figura de Aaron Sorkin: que era buen guionista pero mal director. Pues bien, tras muchas oportunidades, esta vez ha demostrado que también es capaz de ser mal guionista.

De El precio de la red no se salva nada. No se conserva ni un ápice de la urgencia ni de la pasión de La red social. Es una película inerte y anodina que ya era obsoleta el día mismo de su estreno.

No sé de qué pretende tratar, si es que pretende tratar de algo en concreto. Inexplicablemente, está formada por dos mitades inconexas: la historia principal trata de Frances Haugen (Mikey Madison), una analista de datos de Facebook, que colabora con el periodista Jeff Horwitz (Jeremy Allen White) para destapar la noticia de que Facebook promueve deliberadamente contenido de ultraderecha a todos sus usuarios, mientras que el argumento secundario sigue a Mark Zuckerberg (Jeremy Strong) mientras se prepara para testificar acerca de la verificación de noticias y la responsabilidad legal del contenido de las redes sociales. Hoy mismo acaba de salir la noticia de que Facebook restringió intencionadamente el alcance de la cuenta de Lula da Silva en las elecciones brasileñas para promover la de Bolsonaro, o sea que verdaderamente hace falta tener una conversación extremadamente urgente sobre la influencia destructiva de Meta sobre nuestras vidas, pero Sorkin nunca se molesta en estudiar la macropolítica e insiste en enfocar el problema como si afectara solamente a grupos alternativos, evitando a toda costa mencionar a ningún partido político, ni a cierto presidente estadounidense cuyo nombre jamás se llega a pronunciar.

Como si la casi insultante ecuanimidad (a)política de su enfoque no fuera suficiente, el guion es penoso de por sí. Hay un “chiste” chocantemente misógino sobre el mansplaining que resulta aún más flagrante por salir de la boca de Jeff, que por lo demás carece de toda personalidad o motivación, pero cobra vida solo para proferir que el concepto de mansplaining lo inventaron las mujeres para no perder una discusión. Hay otro momento en el que Frances, que es una científica experta en análisis demográfico, no sabe que “metro” es una abreviatura de “metropolitano” y piensa que quiere decir metrosexual, en una película de 2026 que transcurre en 2021. De su revelador atuendo exigido por la historia ya se ha escrito suficiente. Todo culmina en una recreación del asalto al Capitolio que da demasiada vergüenza ajena como para describirla.

¿Algo bueno que destacar de El precio de la red? Sale Betty Gilpin, que siempre está genial, aunque sea en un par de escenas. Hay una o dos frases que aciertan con el tono justo de comedia. Por todo lo demás, mejor saltársela.