Kate (2021) – Movie Review

Mary Elizabeth Winstead in Kate

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After studios abandoned the entire concept of the mid-budget Hollywood movie, Netflix and, to a smaller scale, Amazon have stepped in to take the baton. Kate is the latest such product, with a somewhat algorithmically flavored air to it: the dice have landed on Mary Elizabeth Winstead as the lead, Tokyo as the setting, and action as the genre.

Winstead is the titular Kate, a badass professional assassin in Japan specialized in taking out high-ranking yakuza bosses. When I tell you that Woody Harrelson is her handler, and she announces that she wants to retire from the business after One Last Job, you should be able to draw out the rest of the plot from memory. Sure enough, the One Last Job goes south, and Kate finds herself poisoned with polonium, a radioactive substance that will kill her in less than 24 hours. Because there is no cure for radiation poisoning, her only focus becomes taking preemptive revenge on the mob she’s been decimating, aided by an insufferable boss’ daughter (Miku Patricia Martineau) she’s taken hostage.

While the plot moves only in the most predictable ways from beginning to end, almost like on rails, the journey is an entertaining one. Although it is regrettable that Japanese actors and characters are almost entirely absent from this film set in Japan, Tokyo is in fact put to good use with a vibrant cyberpunk aesthetic, all neon lights, dark alleys, and sports cars decked out in LED lights blasting Japanese electronic hip-hop, as opposed to more typical traditional imagery.

The ambiance is only garnish to the main course that is the action, which is thrilling enough to justify the movie. Director Cedric Nicolas-Troyan has eschewed the hyper-choreographed kung fu dances I would have expected from something like this in favor of messier no-holds-barred fights and shootouts. Kate is not an elegant fighter, which works well to give every action sequence an urgent, desperate feel that fits a heroine who is dying and raging for vengeance. The camerawork and the editing work together to produce occasionally great shots, even if there are also some moments that are hard to read.

Mary Elizabeth Winstead makes a tough action hero, certainly with much more to do than she did in Gemini Man (a movie with a lot more in common with Kate than just her casting); her deep voice grows mournful as death draws near, and she will make you believe that she could take down a room full of armed mobsters. Jun Kunimura, meanwhile, is the perfect antagonist as a dutiful yakuza kingpin who enriches the too few scenes he’s in.

There is nothing surprising to Kate, but it’s good for a fun afternoon watch. The action is good and it develops its premise much more than Jolt, to name another recent action competitor, and sometimes that’s all you need.

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Kate (2021)

Cuando los estudios abandonaron el concepto de la película de Hollywood de presupuesto medio, Netflix, y en menor escala Amazon, se lanzaron a tomar el relevo. Kate es el último ejemplo, con un cierto aire algorítmico: esta vez los dados han designado a Mary Elizabeth Winstead como protagonista, Tokio como escenario, y acción como género.

Winstead es la Kate del título, una asesina profesional en Japón que se dedica a eliminar jefes de la yakuza. Cuando te digo que Woody Harrelson es su contacto, y que anuncia que se quiere retirar del negocio tras Una Última Misión, ya te puedes imaginar el resto del argumento. Efectivamente, esa Última Misión sale mal y Kate acaba envenenada con polonio, una sustancia radiactiva que la matará en menos de 24 horas. No existe cura para el exceso de radiación, así que su principal preocupación será vengarse preventivamente de la mafia que ha estado diezmando, con la ayuda de la insufrible hija de un jefe (Miku Patricia Martineau) a la que toma como rehén.

Aunque el argumento avanza siempre de la forma más predecible posible, como si fuera sobre raíles, el viaje se hace entretenido. Es lamentable que no haya prácticamente ningún personaje ni actor japonés en esta película ambientada en Japón, pero lo cierto es que hacen buen uso de Tokio con una estética ciberpunk llena de luces de neón, callejones oscuros y coches de carreras tuneados con luces LED y altavoces para la banda sonora de hip-hop electrónico japonés.

La ambientación no es más que la guarnición del plato principal que es la acción, emocionante como debe ser. El director, Cedric Nicolas-Troyan, ha dejado de lado el kung fu hipercoreografiado que habría esperado de este tipo de película y en su lugar ha creado peleas y tiroteos más viscerales y violentos. Kate no es una luchadora elegante, lo cual da a todas las secuencias de acción una sensación urgente y desesperada apropiada para una heroína que se está muriendo desesperada por vengarse. Los movimientos de cámara y el montaje se alían para producir algún que otro plano genial, aunque haya también algunos momentos confusos.

Mary Elizabeth Winstead es una heroína de acción dura, desde luego con más enjundia que la que tuvo en Gemini Man (una película con la que esta tiene mucho más en común que el casting); su voz grave se convierte en un lamento a medida que se acerca la muerte, y te hará creer que es capaz de cargarse a una docena de matones armados con sus manos desnudas. Jun Kunimura, por su parte, es el perfecto antagonista haciendo de un capo yakuza que enriquece las pocas escenas en las que sale.

Kate no tiene nada de sorprendente, pero da para una tarde entretenida. La acción es lo bastante buena y desarrolla su premisa mucho más que Jolt, por nombrar la competencia reciente; a veces no hace falta más.

Kate en IMDb