Kimi (2022) – Movie Review

Zoe Kravitz in Kimi

I have the impression that many successful directors are, primarily, good administrators: skilled at leading large projects, managing teams, resources, etc., and they’d be just as good in construction or civil engineering. Steven Soderbergh, on the other hand, strikes me as talented specifically in filmmaking: his tastes, his sensibilities, and his skills are unique to this art. It’s not just that he is so prolific, or that his oeuvre is so varied (he can just as easily come out with a claustrophobic horror or a sports management intrigue or an economic satire or a period caper or an improvised drama -and that’s just counting the three and a half years this blog has been active!); it’s that his form is ever evolving, each project advancing some corner of the field.

With Kimi, Soderbergh brings us a solid Hitchcockian thriller. It starts with Angela (Zoe Kravitz), a tech worker whose long-lasting agoraphobia the pandemic has exacerbated to the point where the mere prospect of crossing the street is paralyzing. She works debugging messages for Kimi, an Alexa/Siri stand-in, from her beautiful apartment in Seattle, when one day she believes she hears an aggression in one of the recordings. This starts out as a tech thriller, in the vein of Searching, where the intrigue will come from Angela polishing the scraps of audio she can gather and trying to piece together who the victim might be.

Like with Black Box, though, what starts out as a tech thriller evolves halfway through into a thriller-thriller, although more successfully in this case, as Angela tries to report the crime through all appropriate channels and finds that her company reacts to a potential murder related to one of its products, well, exactly like you would expect a real-life corporation to.

There’s a lot to like in here, starting with the fact that Zoe Kravitz can lead a movie like nobody’s business. The specifics of her phobia are not spelled out because they play out on her face, in her body language, in the pauses she makes in dialogue. David Koepp’s tight 90-minute script is so quick on its feet that it only doles out the minimum necessary character building to give Kravitz a foundation, and then lets her build on it while he carries on with the plot.

Like in all his previous work, Soderbergh always finds interesting points of view and meaningful frame compositions, enhanced now by sound design and musical score calculated to increase tension, evoke paranoia as the plot progresses and all that was introduced at the beginning acquires relevance. One can imagine a mid-budget studio production that might have allowed this concept to be a little more fleshed out, or end a little less abruptly, if those things existed anymore, but this is what a fun, compact thriller looks like now.

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Kimi (2022)

Me da la impresión de que muchos directores de éxito son, por encima de todo, buenos administradores: se les da bien liderar grandes proyectos, gestionar equipos y recursos, etc., y se les daría igual de bien trabajar en la construcción o en urbanismo. Steven Soderbergh, por el contrario, me parece alguien cuyo talento es concretamente el cine: sus gustos, su sensibilidad, y su habilidad se deben todos al séptimo arte. No se trata solo de que sea tan prolífico o de que su obra sea tan variada (lo mismo se marca un terror claustrofóbico que una peli de ladrones que una intriga del negocio del deporte que un drama improvisado que una sátira económica… ¡y eso contando solo los tres años y medio que lleva en activo este blog!), sino de que su técnica no deja de evolucionar, de explorar nuevos territorios con cada proyecto.

Con Kimi, Soderbergh se ha decantado por un thriller al estilo de Hitchcock. Empieza con Angela (Zoe Kravitz), una informática cuya agorafobia se ha agravado con la pandemia hasta el punto de que la idea misma de cruzar la calle le provoca ataques de ansiedad. Trabaja analizando mensajes grabados por Kimi, una versión ficticia de Alexa o Siri, desde su hermoso apartamento de Seattle, cuando de repente cree oír un crimen en una de las grabaciones. Esto empieza como un thriller técnico, del estilo de Searching, en el que la intriga viene del trabajo de Angela refinando los fragmentos de audio que consigue reunir para intentar dilucidar lo que pasó y quién puede ser la víctima.

Sin embargo, como con Black Box, lo que empieza como un thriller técnico se vuelve un thriller-thriller, aunque en este caso sale mejor, ya que Angela intenta informar del crimen siguiendo todos los protocolos establecidos, pero se encuentra con que su compañía reacciona ante un posible asesinato relacionado con uno de sus productos… bueno, exactamente como te lo esperas.

La película tiene mucho de lo que presumir, empezando por el hecho de que Zoe Kravitz sabe captar la atención de la cámara como nadie. Los detalles de su fobia no se explican porque los vemos en su rostro, en su lenguaje corporal, o en las pausas que hace al hablar. El guion de David Koepp es tan ágil que solo divulga la suficiente información sobre el personaje para que Kravitz tenga una base sobre la que trabajar, y luego sigue con el argumento.

Como en toda su obra, Soderbergh sigue descubriendo puntos de vista interesantes y planos únicos, apoyados esta vez en un diseño de sonido y una banda sonora calculados para aumentar la tensión y evocar una sensación de paranoia a medida que avanza la historia y todos los elementos que se presentaron al principio van cobrando importancia. Es fácil imaginar cómo una producción de estudio podría haber desarrollado este concepto un poco más, o elaborado algo más el desenlace, pero hoy en día así son los thrillers que se pueden hacer.

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